1. Existimos proyectándonos... Anhelos,
decisiones, deseos, proyectos, planes, metas, pronósticos,preocupaciones, nos
hablan de vivencias tendenciales que se dirigen a lo que aún no es pero podría
ser, esto es, a lo posible. Nos movemos entre esperanzas y hay que aprender a esperar; pues esperar no es sinónimo de dejar pasar el tiempo.
Visión desesperanzada y visión esperanzada de la vida...
Mi vida sin mí
¿Por qué vale la pena vivir? ¿Cuál es tu lista de esperanzas?
¿Por qué vale la pena vivir? ¿Cuál es tu lista de esperanzas?
La virtud del optimismo y de la esperanza son necesarios en el educador. No se confundan con lo ilusorio.
2. Una dirección, un sentido… un estilo, una identidad. Propio del ser humano es ser consciente de la dirección que va tomando su vida; más aún deseamos ser autónomos, esto es, dueños de nuestro rumbo, de nuestra figura, de nuestro estilo de ser. Necesitamos entender lo que nos acontece, conocer y superar las circunstancias, saber qué opciones tenemos, abrir o crear caminos, puentes, relaciones, satisfacer necesidades.
3. Así, nuestra existencia se caracteriza
por un “todavía no” que la lleva a ese continuo estado de inquietud, de
búsqueda, de más allá, de tensión hacia algo que puede ser, un “algo” más o
menos difuso, confuso, informe... Lo lógico es que ese algo sea presentido como
un valor, como algo que debe ser realizado, como algo que satisfará una
necesidad e incluso podrá, según sea el
caso, realizarnos...
4. Lersh propuso una clasificación de las tendencias o vivencias tendenciales:
- Este goce vital lo trascendemos cuando vamos tras un goce mayor); la tendencia vital a la procreación, a dar vida; el vivenciar la vida para crear belleza (danza, deporte), para representar (rituales)…
- Desvirtuamos las tendencias de la vitalidad por exceso o sin sentido, o deficiencia destructiva…La tendencia a la conservación de la vida o nuestra integridad, a conservar la salud y, por ello, la tendencia a nutrirse, a defenderse, a atacar o huir, a sentir miedo… caen en déficit o sobrevaloración.
No vivimos por vivir; vivimos para… por…. , lo que nos lleva a otras tendencias que dan sentido y trascendencia ésta
b) Vivencias tendenciales del yo.
- Necesidad de estimación, de reconocimiento, de respeto, de admiración. Distinta es la desmedida ansia de notoriedad que lleva al absurdo, a la vanidad y a sentir que siempre está peligrando su prestigio. Se trata de aspiraciones de tipo económico, imagen, presencia, estimación.
- Estas aspiraciones requieren de templanza, de un equilibrio entre la modestia y la arrogancia, avaricia, prepotencia, sobre estimación o, en su defecto, baja autoestima, humillación, sometimiento.
- La tendencia al egoísmo puede convertirse en egolatría, en un querer adueñarse de todo y de todos, con la consiguiente avaricia, envidia, descortesía, arbitrariedad, astucia. Distinta es la egolatría al sano interés personal que también puede enfermar por falta del mismo: desinterés, consentir ser disminuido o agredido, humillado, sometido... El egoísmo puede enfermar en forma colectiva.
- El deseo de poder, de actualizar las potencias lo que implica poder frente al mundo pero no egolatría... Autoridad pero no autoritarismo, tener pero no avaricia ni abuso. Influir positivamente pero no apoderarse de los demás.
- Afán vindicativo que reconoce lo recibido y lo dado: gratitud y justa retribución. Distinto es el resentimiento, el revanchismo, la venganza que se centran en el otro y no en sí mismos o en el afán sólo de apoderamiento. Puede caerse no sólo en un revanchismo por fama, poder material sino por la vitalidad, juventud de otros...
- c) Vivencias transitivas. Se trata de tendencias que tienen que ver con el ser trascendentes, estar-más-allá-de uno mismo. En mi mundo estás tú, somos nosotros…
-
Estar con el otro.
- Ser para otro.
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